Discurso de Ghiraldo en
el mitin de plaza once el 1º de mayo de 1901
El 1º de mayo no puede ser sino lo que es. Podría
simbolizarse el acontecimiento que rememora dibujando una antorcha contra el
viento, lanzando un grito formidable de guerra, escribiendo un himno a la rebeldía;
pero nunca haciendo un alegato de conciliación entre dos fuerzas irreconciliables;
jamas redactando un pacto de paz tan ridículo e inaceptable, por parte
de uno de los enemigos, como lo son todos los programas políticos formulados
por los seudo-reformadores del presente, en frases tan hipócritas como
falsas, por mas que ellas aparezcan endulzadas con la limonada criolla del socialismo
legalitario. Yo me pregunto como puede pretenderse que el obrero consciente
de hoy festeje el trabajo, cuando este se halla deprimido, envilecido, humillado.
Yo me pregunto cómo se pretende hacer que el obrero consciente de hoy
que se sabe explotado, burlado y escarnecido por las clases conservadoras, desfile
en este día por calles y plazas, alegre y risueño, en medio del
estruendo de los cohetes y al compás de las charangas. !Por la memoria
de los héroes, basta de sainete!. Esta no puede ser la fiesta de la paz;
los platos del banquete están todos manchados de sangre! Yo me pregunto
cómo se pretende que el obrero consciente de hoy aparezca festejando
la paz mientras los ejércitos asesinos continúan sus carniceras
de pueblos en el Transvaal y en la China, mientras las huestes huelguistas son
deshechas a tiros y bayonetazos, mientras la libertad individual es conculcada
a cada instante por policías y jueces, mientras la miseria desesperada
sucumbe entre gritos de agonía, mientras en toda la tierra continua vibrando,
torturador y terrible, el !ay! de los vencidos! Reflexionemos, pues, y veamos
por que el 1ro. de mayo debe repercutir en el espíritu del proletario
como un clarín de combate, como una trompeta de guerra, como una voz
muy alta que diga: A la lucha, a la rebelión, a la conquista de todos
los derechos, de todas las libertades!.
Alberto
Ghiraldo, militante anarquista, poeta, dramaturgo, periodista y escritor, dirigió
La Protesta durante varios períodos, generalmente como director. Nació
en 1875 y falleció en Santiago de Chile el 23 de marzo de 1946. Entre
otras publicaciones fundó Ideas y Figuras y El Obrero, El Sol, Martín
Fierro y Buenos Aires. Escribió y estrenó una gran cantidad de
obras teatrales, siendo además un prolífico poeta en diversos
estilos, editando en sus últimos años el Archivo de Rubén
Darío, del que fue amigo personal.
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